Acabamos de conmemorar el Día Internacional de la Mujer el pasado viernes 8 de Marzo. Celebración que en los últimos años ha cobrado mayor relevancia gracias al esfuerzo de
diferentes actores sociales y políticos siendo la cara más visible el movimiento feminista que
precisa reivindicar los derechos de las mujeres.

La Biblia arroja luces importantes para la mujer respecto a su valor y propósito. El escenario creacionista de Génesis da cuenta que hombres y mujeres, por el solo hecho de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, gozan de igual dignidad y valor (Gn. 1:27). Dicha igualdad ontológica o del ser es profundizada por Jesucristo quién no escatima en asumir riesgos
culturales y religiosos por reivindicar nuevamente la dignidad y el valor de cada mujer independientemente de su condición racial, social, moral o espiritual (Mt. 15:21-28, 26:6-13; Lc.
7:11-17, 36-50, 8:40-56, 10:38-42, 13:10-17, 21:1-4; Jn. 4:1-42, 20:11-18).

Entre los diferentes encuentros transformadores que Jesús sostuvo con mujeres destacamos uno en particular. Juan capitulo ocho da cuenta de una mujer que, al ser sorprendida
en adulterio, es traída a Jesús para ser juzgada. Frente a la insistencia de sus acusadores Jesús les dice: “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Jn. 8:7b). El evangelio relata que los religiosos, acusados por su propia consciencia, comienzan a retirarse de la escena desde el mayor al menor quedando solo ella y Jesús. Finalmente la mujer, quien era objeto de vergüenza humillación, pasa a ser sujeto de la gracia y la verdad de Quién le salvó.

Durante siglos, hemos sido testigos del sufrimiento de mujeres por causa de la violencia e injusticia que han debido enfrentar. Sin embargo, esa misma compasión que mostró Jesús con la
mujer sigue disponible para todas aquellas mujeres que en medio del dolor, la amargura, el abuso y el abandono, necesitan ser amparadas y cobijadas por Él. Lo que para escribas y fariseos era un proceso condenatorio en contra de la mujer, para Jesús fue una muestra de amor y compasión que
es, en esencia, el Espíritu del Evangelio. Dios nuevamente nos recuerda, a través del sacrificio de su hijo Jesucristo expresado en humildad, obediencia y amor, que su gracia y verdad es
manifestada a todos por igual.

Pr. Mauricio Vera.
Equipo Pastoral Iglesia Dinamarca ACyM Temuco.